miércoles, 31 de diciembre de 2008

Cronos

Sabía que si lograba tomar la llave introduciéndola en la ranura todo podría comenzar otra vez. La máquina de cronos haría lo suyo devolviendo aquello perdido y sin registro. Intentó con todas sus fuerzas alcanzar, la sensación era la misma de siempre, llegar era una meta simple y posible sin embargo no le atinaba a la ranura impávida y con aires. Profirió una suerte de gritos macabros y despotricó contra el viento que se escondía en algún pacifico lugar, ciertas sensaciones de paz solo nos generan una tristeza sin sentido, fútil y vacía.
No creo poder llegar a no ser que algún espectro me dé un empujón, o haga pie para llegar a los escasos centímetros que me faltan (no pensó que debería haber tomado más sopa de chico ni en los ejercicios de elongación) esos centímetros se burlaban muy a su pesar con carcajadas mudas y mirada burlona.
Alguien podría echarme una mano, despotricó sintiendo el peso de tanta responsabilidad, no es posible que tenga que cargar con todo y con tanto…
Una música limpia que podía reconocer familiar fue subiendo por sus pies y sus piernas a medida que los centímetros se esfumaban con el aire, o tal vez había pegado un estirón mágico y sin sentido.
Gracias Bioy por todo lo que me regalaste.
Ciclos que se repiten sin razón ni sentido nos cobijan como huéspedes insistentes y tenaces ¿Quién quiere razones cuando todo nos abruma como topadora en medio de una selva poblada de emociones tan dispares como volcán y estuario?
Aquella pintura esperaba ser acabada, sus ojos me miraban suplicantes… ¿no entendés que eso solo puede ser tu fin? Deberías pedirme a gritos que no tome ningún pincel… ¡que no! La culpa la tienen siempre los otros y cuanto más otros mejor.
La ranura se hizo alcanzable, sólo debía introducir la llave, un coro de borrachos alegres parecían acompañar el movimiento cuando subí mi brazo (¿dónde estaban antes borrachos insolentes?) la misma ranura tomo la llave y comenzó otra vez a escucharse el compás rítmico, cinco, cuatro, tres… el coro desafinaba como lo hacen siempre los borrachos, tres, dos, uno…. Feliz Año Nuevo
La máquina de cronos se detiene para seguir, a nosotros nos queda elaborar agendas y calendarios.


Feliz año nuevo

Que este 2009 sea de prosperidad para todos y cada uno.

No nos falten sueños, ni alas para surcar nuevos cielos
No nos falten proyectos para recordar cuan vivos estamos emprendiendo aventuras nuevas y retocando las viejas con algo de novedad.
No nos falte amor para no guardar la vida
No nos faltes
No nos faltes
No nos faltes

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Feliz navidad

Claro que sí
a vos te digo
FELIZ NAVIDAD

LOS MEJORES DESEOS PARA ESTAS FIESTAS

sábado, 20 de diciembre de 2008

tanto como el aire

*
**
***
Hasta el hartazgo
Hasta la más absoluta apatía
Sin lamento
Atavío repleto de adornos burdos
Lamentan sin gritar
Y con lamentos silenciosos
Tu mirada se posa en la misma nada
Y es envidiable que lo hagas sin defecto
Para perderte tras los ennegrecidos edificios
Que pueblan la urbe apática como el sentimiento envolvente
Que me puede muy a pesar y sin buscar consuelo ni explicación ni motivos
Otra vez encenderemos las luces que adornar el árbol
Otra vez brindaremos con fingida esperanza
Otra vez nos sentiremos con buenos deseos
Y lamentaremos por quien haya partido
Sabiendo que al fin
Sin remedio
Muy a nuestro pesar
Todos deseamos gloria
Como aire.
****
***

jueves, 18 de diciembre de 2008

Miradas


El calor amenazaba con hacernos perder lo que quedaba de razón o de aparente cordura, el aire estaba denso y enrarecido, un murmullo quieto inundaba la sala cargada de improperios propios de toda sala en que se espera hasta el hartazgo. Nos miramos casi sin querer, siempre en esas situaciones la incomodidad es vinculante y atroz. Nos miramos con un dejo cómplice y gracioso, al menos eso pensé en el primer momento sintiendo que era correspondido en la mirada, quise decir algo pero todo lo que se me ocurría era trivial o estúpido o ambas: ¿hace mucho que espera? ¿Qué calor, no? ¿Hace mucho que conoce al doctor? ¿Le molesta si tomo esa revista? Sin embargo me limité a seducir con la mirada, hacer caras simpáticas y mantener una sonrisa que a la noche pagaría con un dolor mandibular, es que mi cara está acostumbrada a sonreír poco, a servir de sustento grave y serio.
Mi sonrisa era correspondida y me sentía cómodo y a gusto, dejó de importarme la señora mayor y pedante que resoplaba molesta de tanto en tanto manteniendo un compás rítmico y saleroso.
Sonaba otra vez el teléfono, el viejo ventilador de aspas ennegrecidas aportaba un murmullo cansador sosteniendo la melodía del sonar del teléfono ruidoso. La joven secretaria apática y díscola, intentaba camuflar el telefonazo de un pretendiente inoportuno mientras el minutero seguía dando vueltas como si fuera el segundero.
No me animé a mirar directamente a la cara, tal vez por pudor… pero me detuve en las manos sobre el sillón de cuero verde que aportaba una vaga esperanza a la espera interminable de la sala poblada de impacientes.
Detesto perder el tiempo, dije para mí y manteniendo la sonrisa, la salud se me va a arruinar con tanta espera. ¡es que las esperas me dan ganas de fumar! Y sin remedio tomé una revista preguntando a todos si me daban permiso. Hizo un ademán de aprobación y la señora molesta dio vuelta la cara molesta solo por demostrar caricaturizada su molestia advertida ya por todos.
Pase, el doctor espera, dijo la joven… y tomando un bastón blanco se levantó delatando su ceguera.
Podría pasarme la vida haciendo caras a la misma ceguera sin advertirlo ni quererlo.

martes, 9 de diciembre de 2008

Desde el reloj


Sabía que corría la misma suerte que un rayo, sabía que todo era adverso pese al deseo de surcar otras aventuras sin horizontes. Relámpago de emociones furtivas que se deslizaban por las estratagemas de viejos recuerdos sin motivo que volvían como una marea insoportable en su repetición acompasada. El sonido silencioso de una brisa molesta y húmeda envolvía todo a su antojo y capricho. Alguien desde el andén de enfrente miraba con ojos tristes mis pasos errantes y solitarios. Cúmulo de soledad en una mañana de feriado en donde el tiempo se acompasa como el vaivén de un péndulo cansado y sin remedio.
Llegaremos tarde al reparto de suertes, al toque del hada que nos convierte sueños en realidades palpables, o al menos imaginables y con sabor deseoso y dulce.
Detesto los relojes hermosos que seducen desde la belleza de la pieza y te embrujan. Detesto los días que vuelvan presurosos sin dejarnos detener marchas, ni contemplar sucesos, ni escapar. El tiempo escapa por atajos insólitos mientras ciertas penas acampan en los territorios más molestos.
El capitán de esta nave todavía no ha decidido qué hacer con lo que queda del viaje y la bitácora esta sin abrir.

domingo, 7 de diciembre de 2008

En domingo


Y miraba pasar viejas imágenes prisioneras que deseaban gritar con fuerza, mostrándose a sus antojos, mientras el cigarrillo se consumía solitario en el cenicero. La gente hace el amor por telepatía, repetía la canción que no paraba de sonar inundando los espectros sonoros pese al fantasma. Alguna vez soñé con duendes, con fascinantes hechizos que devolvieran la vida a todos los personajes encerrados en relatos pobres y a veces tristes como la tristeza caprichosa de un niño.
¿Por donde sigue este laberinto que por momentos me gana y me pierde? Vivir buscando salidas no sin deseo de atajos prontos y sencillos es lo que se nos adosa al entrar en sus caminos.
Maldita piedad que me hace querer algo mejor sin merecer.
Detesto las madrugadas de domingo que me invitan al desvelo silencioso. Madrugada que me permiten escuchar los susurros de las paredes frías delatoras de secretos antiguos y nuevos.
Hoy el día se presenta despojado de ilusiones, sueños y deseos impulsivos. Hoy la mañana es simple, lozana, sencilla. Hoy bajaré y tal vez compre ese diario que nunca me tiene como lector por no ser a fin a sus ideas políticas o al diseño o al tamaño… hoy tal vez tome infusiones de coraje mientras las agujas del minutero se confunden con los segundos raudos.
Hoy tal vez un disparo de suerte cambie ciertas monotonías acostumbradas en novedad o en graciosa jornada sin defecto, mientras pasan ciertas imágenes gritando silenciosas.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Pluvial


Llueve sobre el pavimento gris, en la mañana de pacifico domingo. Un brisa fresca me regala alivio y a la vez algo de esperanza, tal vez el día traiga algo de novedad o al menos se llevará consigo las pesadumbres de ayer. Para aligerar el peso de la soledad que gravita a mi pesar hice un pacto con mi circunstancia. No soy de los que van por la vida sin probar. Me influencian ciertas letras de ciertas canciones en ciertos días húmedos. Alegría de alondra que revolotea libre por esta porción de historia, de vida y esperanzas.
Como cuando se pinta una plegaria con azules de cobalto, el pincel está pronto y el ansia tiembla con emoción de antaño. Se pueden ver en los ojos chispas del universo soñado. Conjuros de eternidades extraviadas sin remedio que vuelven a iniciar y a incitar vida.
La lluvia es un riesgo para ciertas emociones dormidas que no pueden seguir ocultas cuando las gotas mojan despertándolas.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Alguien

Alguien me dijo que eras una luz
Alguien me susurró palabras suaves como algodón
Alguien me mostró un contorno distinto al percibido
Alguien me hizo sentir estúpido y tierno
Alguien me convidó con algo semejante a una canción
Alguien quiso que me zambullera en esos ojos profundos
Alguien me prometió remontar un barrilete
Alguien pasó por la vereda de enfrente sin percatarme
Alguien semejante a una ráfaga de limpio viento
Y miraba al arlequín de tres caras
que no se decidía en su mirada
si reír, burlarse o llorar.

jueves, 27 de noviembre de 2008

bajo el sol



Tuvo la sensación de que el agobiante calor lo dejaría pegado al suelo tibio y que el aire estaba tan enrarecido que no había oxigeno para respirar. Sin embargo el cantar silencioso del gallo, porque en la jungla de cemento no se perciben los gallos ni las campanadas como en el campo, develaban la llegada del sol y con el día preparado a obsequiarnos más calores obscenos con y sin rayos, obligándonos a guarecernos en sombras de oasis artificiosos. La mirada de la tropa trabajadora era oscura como esperanza indigente y sin remedio. Tal vez la tarde nos regale una brisa que oxigene la jornada sin esperar a cambio, sin trueques vitales, sin revisionismos grávidos, tal vez una alondra nos embruje con su canto haciéndonos sentir menos pesados, menos amurados al muro de la existencia…
Excusas estivales que no tienen remedio, ni razones, ni enmiendas y que nos invitan a seguir siendo en esta porción de vida, de historia, de existencia aunque te pese la mirada de Febo y todo lo que eso trae aparejado. Quisimos ser pájaros y sin darnos cuenta que nos faltaban alas por eso nos dejamos encantar con el sueño de ser un dios de a ratos, sin mayores complicaciones que las que nos trae aparejada la democracia con ilusión de justicia.
Alguien, desde su más simple sensatez decidió dejar de caminar bajo los rayos solares y sentarse a contemplar, algunos lo llamaron maestro, otros desestabilizador social, pero el agónico ser sólo deseó sentarse un rato desde su capacidad de elección.
No faltaron las mesas redondas y los debates. No faltaron las profecías fatídicas sobre el peligro del ocio y el riesgo de contemplar sin reglas, estereotipos, manuales, instrucciones y directivas, pero la agonizante entelequia era libre. Tal vez ahí radicaba el peligro mayor, en su libertad, aquella que lo devolvía a su simple y original decisión: dejar de caminar bajo los bochornosos rayos solares.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Día Universal del Niño




El 20 de noviembre de 1959 la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño y 30 años más tarde, la Convención sobre los Derechos del Niño. En la Argentina, la convención se aprobó el 16 de octubre de 1990.
Más de 200 millones de niños trabajadores de los que la mayoría hacen trabajos considerados peligrosos o no adecuados para un niño.Cada día mueren 27.000 menores de cinco años por causas evitables.En la última década dos millones de niños han muerto en conflictos armados.250.000 son usados como niños-soldado.Unos 70 millones de niños en edad escolar no van a la escuela.En el mundo hay 15 millones de huérfanos debido al SIDA.

GRACIAS http://marichus.blogspot.com/

miércoles, 19 de noviembre de 2008

... de tu madre.

¿Nunca tuviste que sacarte una roja a vos mismo?
No hay grito silencioso más eficaz, por eso yo me saco una tarjeta roja, por el simple hecho de tropezar, caer e intentar seguir saltando en una pata.
El humanista esta a la espera de escuchar como revés de truco un “piedra libre para todo…” ¿para mí? Si piedra libre, eso es lo que espero desde mis yerros últimos, tontos y sin sentido. Si bien es cierto que siempre necesite ser con capacidad de equivocarme, tengo la sensación de que estoy abusando un poco. Jajajaj en fin.

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Pedro Lemebel

Manifiesto
(Hablo por mi diferencia)

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpiezaAcunándote de enfermo
Por malas costumbresPor mala suerte
Como la dictaduraPeor que la dictadura
Porque la dictadura pasaY viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?¿
Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberianode la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboralsin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquinades
equilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaroslas banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujerno lo hacen bajar la vista?
¿No cree ustedque solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigoSúper-buena-onda
Yo no soy buena ondaYo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando:
Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por míYo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revoluciónLes dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.
NOTA:
Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile
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lunes, 17 de noviembre de 2008

Festival Diversa




En estos días se está realizando el festival diversa, Festival Internacional de cine gay lésbico trans de argentina, por el respeto a la diversidad en su 5ta edición, es hasta el 23 de noviembre.
Ayer aprovechamos(con mi entusiasta amigo Pe.) para ver Tembling before G-d, en donde hay una aproximación a los problemas que tienen los hombres y las mujeres homosexuales frente a las prescripciones de la torá y las sentencias de los rabinos y su deseo de vivir sus creencias y tradiciones.
Planteo interesante lo hace un rabino jasídico (gracias a dios jasídico quiere decir bondadoso , piadoso y estos son un poco más buenos por lo visto) promediando el filme, a lo largo de toda la tanaj Dios cambia de parecer frente a planteos de Abraham, de Moisés u otras figuras que se relacionan con Él, por lo tanto, habrá que volver a plantear el tema a Dios, algo así como mezclar otra vez y volver a dar.
Recomendable festival.
Como para no perderlo.

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sábado, 15 de noviembre de 2008

con ganas de mandar a ...

Esta sensación tiene que ver con algo de hastío. Ciertamente algo huele a podrido, siempre olió así, no es novedad. Huele a podrido el gobierno (sea el que fuere) y no por eso soy un anarquista, aunque me considero anarquista tan solo por la pasión que ponían aquellos a comienzos del siglo XX. Algo huele a podrido, se nos pudrieron las buenas intenciones, o se nos pudrió el cerebro si es que se puede pudrir lo que falta.
Indómita relación de figuras banales bajo la luna, ¿bajo la luna? Fito decía, si estas entre volver y no volver…
Si no lo entendés te lo digo en criollo.
El mundo está para la mierda, no sólo está en quiebra, y eso es ni más ni menos que reconocer abiertamente que siempre nos importó a todos una mierda todo, sino que estamos para la mierda y esa mierda huela mal. Sensación de estar encerrados en la misma burbuja en donde nos toca en suerte compartir.
Ahora sí, ahora nos toca compartir
¿Por qué será que me toca compartir siempre perdidas?
Me cago en los gurúes de la economía. No puede ser que un avión de combate salga la módica suma de 2.200 millones de dólares, mientras estamos para la mierda y seguiremos para la mierda. Hermosas máquinas para matarnos, si es que no lo logra la despiadada economía (¿debería llamarse economía?)
Hoy me dieron muchas ganas de putear. ¿Por qué no?
Algo está mal y no podemos evitarlo
Pero espero sin pecar de ingenuo o de infantil, pensar que alguien se dará cuenta que podemos coexistir sin cagarnos tanto la vida los unos a los otros.
¿Podemos evitarlo?

viernes, 14 de noviembre de 2008

algo huele podrido en dina.....

Irresponsables seres con apócrifas alma de leones, han copulado con la verdad intentado danzas de apareamiento sin lograr nada semejante a vida, nada subsiste a sus pensamientos pútridos, matan sin arrepentimientos la vida que circunda, matan creyendo que dan vida, se sienten señores renacidos sin percatarse que no reviven, no renuevan nada, no regalan halitos de vida sino de condicionamiento, de exclusión temerosa de razones poco prácticas y mórbidas.
Así han pasado los años, así se ha llenado causa del dolor que tienen los huesos por cargar con tanta carga en vano.de nada la sombra que guardó aquello que fue un día y hoy no sabe de otra cosa a
Añoramos los mortales un viento frio que lo limpie todo, que arrase con todo y nos devuelva la ilusión de vida nueva, de un volver a latir esperanza en medio de tanta mierda que se esparce dejándonos hedores mientras pretendemos aromas frutados, limpios y silvestres.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

en el bajo

Y quiso ser libre pero una ráfaga de moralidad anquilosada lo jalaba por las piernas sin dejarlo caminar, ni pegar brincos. Las nubes que contemplaba desde la chatura del bajo lo animaban a desear más, pero no pudo, no lo alcanzó. Afuera aguardaban sombras pegajosas como caramelos de circo, así fue como esquivó aquellas circunstancias.
Un grito sonoro y potente, lo abarcó, lo abrazó, lo colmó todo.
Un payaso rojo sentado en una esquina sin vértices fumaba un cigarrillo lejos de los niños y los leones.
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martes, 11 de noviembre de 2008

Sed

Los agentes de seguridad o encargados de mantener la ilusión, pululaban por doquier en una rítmica y alocada sucesión de recorridos en busca de cualquier sospecha, el olor a calor y el pegajoso sentimiento de subordinación sumisa y triste lo tomaba todo, lo envolvía con sensación de moño para regalo; quedaban en los recónditos anaqueles de la memoria aquellas historias en donde el héroe veía la realidad y arengaba por nuestra emancipación. Habían llegado los tiempos del “que me importa” justo luego de la edad del “que se encargue otro”. Nunca fuimos tan desdichados como entonces, ni siquiera cuando sobrevino la caída de las bolsas de comercio ni cuando se prohibió llorar llantos aromáticos.
En una calle semejante a la tuya una silueta caminaba sin razones, intentaba divisar un horizonte mientras decía:
Bebamos de la fuente de la cordura o de la locura, pero no seamos sin sed.
...
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lunes, 10 de noviembre de 2008

Miriam Makeba

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Johannesburgo el 4 de marzo de 1932 - Castel Volturno, 10 de noviembre de 2008
***
Icono de la lucha contra el apartheid en su país, Makeba, marginada durante más tres décadas por el régimen racista sudafricano, siempre estuvo comprometida con la lucha por los derechos civiles y contra el racismo, una entrega que llevó a cabo hasta el último momento de su vida

lunes, 3 de noviembre de 2008

Porque...

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(primera parte)


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¿Porqué ir a una marcha del orgullo?
¿Porqué ir, si no se me nota, si no me siento representado (al igual que el diputado que voté en la lista sábana la última elección) ¿porqué ir si a mí nadie me persiguió nunca, porque ir si aquello está lleno de “raros” y yo no soy más raro que el común de cúmulos de rarezas?
¿Porqué iría a una marcha llena de gente, este año fue de cincuenta mil personas, entre empujones rítmicos musicales en donde todos parecen felices por ser diferentes?
Diferencias que acentuadas molestan la paz de la sociedad justa, humana y regulada por una manera estereotipada que sirvieron a nuestros abuelos, o al menos eso lo declamó siempre el silencio.
Podría ir para sacarme la curiosidad. Definitivamente la curiosidad me puede en muchos aspectos de mi vida, la curiosidad que mató al gato fue la que logró comprender el funcionamiento de un motor de combustión interna y sacarnos de alguna situación problemática en alguna oportunidad.

Será acaso que todavía no he podido pedir que despierten los idiotas de su letargo de ensueño que causa pesadillas a otros que danzan conmigo la danza de las lágrimas ocultas en los rincones de antaño, de hoy, de siempre…del “sin tiempo” que nos sigue persiguiendo en este temporal de consecuencias cotidianas de horror que grita más y más horror.
Quien dijo que todo está perdido…
Voten nuestras leyes…
No señor, de ninguna manera
Voten leyes justas que contemplen lo que el derecho siempre contempla tarde pero irremediablemente no puede dejar de contemplar: la realidad.
Esta es la realidad que vivimos los seres humanos que nos dimos cuenta de tantas diferencias.
De pequeño, de muy pequeño, me pidieron que cambiara la palabra diferente por distinto, aparentemente diferente no era una palabra adecuada. Aquí el dilema de hoy, de ayer y de siempre, la ley, la sociedad, las costumbres sociales deben ADECUERSE a la realidad, esta es nuestra realidad, la diferencia y que en esta diferencia vivimos, convivimos, intentamos ser, existir, y esto junto a otros, porque somos animales políticos al igual que sexuados y sentimentales, con capacidad de arte y comunicación.
Hasta el sábado me jactaba de no sentir que semejante marcha me hiciera sentir “orgulloso”, te aseguro que he hecho en mi vida algunas cosas que no me han hecho sentir orgulloso en lo absoluto, el sábado, sin embargo, lejos de sentirme un activista, sentí que tenía sentido caminar por la avenida de mayo, tenía sentido perderme entre la multitud que me recibía y me cobijaba como uno más, porque todos éramos hijos de la realidad lo quisieras ver o no. No sentí miradas desaprobatorias, no sentí el frío martillo decretar una sentencia que prescindiera de mi, ni de ti, ni de nosotros.
Sin decirlo, sin gritar, simplemente con la alegría de encontrarnos con una consigna en común y siendo diferentes, caminamos, bailamos, reímos y nos respetamos...
…ya no me preguntaba el por qué… ¿porque no?


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sábado, 1 de noviembre de 2008

Paraguas

El silencio delataba su presencia, a medida que el tiempo transcurría como devenir implacable, sentía el ahogo que lograba su proximidad.
Dejame un espacio para mí, necesito que me dejes algo de espacio, dije al borde de la desesperación al sentirme invadido.
Sus oídos fueron sordos a mis ruegos. Indiferente, con aire de soberana indiferencia, siguió avanzando y tomándolo todo. Se hizo la dueña de mi espacio y de me aparente paz.
Bien sabía que mis palabras serían vanas, pero necesitaba intentarlo, quedaba en mí la ilusión de convencerla, pero todo, absolutamente todo fue en vano. No escuchó, no se apiadó, no tuvo en cuenta ruegos ni amenazas, avanzó sobre mi vida implacable y velozmente. La sombra fue cubriéndolo todo, tiñéndolo todo, adueñándose de todo sin remedio, inexorablemente.
Cascadas de agua aguardaban caer por las paredes mientras la humedad era ahora la nueva inquilina de mi departamento invitándome a llorar paraguas.

jueves, 30 de octubre de 2008

Luz

Y un llanto de luz lo cegó por completo, sin poder cerrar los ojos caminó por la barandilla del viejo navío y se enfrentó al peligro sin miedo. En medio de un océano de confusas acciones increpó al viento con facón en mano y se estremeció la tripulación que le temía y lo admiraba. Pocos hombres se animan a pelear con Poseidón, pocos son tan valientes o tan locos, pensó el grumete que ya se sentía viejo. Nunca vi nada igual, suspiró el polizón escondido entre arrumacos secretos.
El sol casi se extinguía en la tarde inocua y pacífica, en el bamboleo del barco solitario aquellos ojos derramaron lágrimas al mar, que se confundían entre sombras de pensamientos ajenos en la tarde diáfana. Lloró lágrimas de luz mientras avanzaba la oscuridad.
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martes, 28 de octubre de 2008

...de vuelta

Tomó su valija, infló su pecho, gritó o profirió un leve grito en forma de paloma y se marchó por la calle repleta de transeúntes que lo ignoraban al igual que la suerte que echada lo convidaba con algo de indiferencia y monotonía. Es un juego, eso es vivir, es como un juego con reglas poco claras, es como jugar con un boomerang subacuático: logramos frustrarnos cuando no aceptamos la densidad.
Bellas historias quedaron relegadas para otros tiempos en lejanos lugares de atmósferas tibias; sin embargo, pese a todo y ante todo, volvías con la cabeza gacha, la espalda encorvada, las tristezas intactas y lo que pesaba no era la gran valija sino las circunstancias.
Tomar por la calle más larga del mundo, que nunca nos deja en casa, porque los subterráneos en Buenos Aires son insignificantes como la rabia que nos da sabernos con prisa. Eso le falta a esta ciudad, querido amigo, eso le falta, una nueva gama de rojos, de carmines de fuego puro y sensación de oropeles, pero nos han condenado al gris, a la plata y eso es con aires de nostalgia; el frío de la plata, del reflejo pálido, cuando aspiramos al dorado bello y frondoso.
Llevo una pisca de ilusiones nuevas por alguna parte, algo, algo queda, y un poco de canto inflama la esperanza de que mañana sea mejor, mera comparación con otras cosas, con otras sensaciones, con tristes sentimientos.
Me dieron ganas de fumar nubes bajo el agua, otra vez esa sensación cuasi adictiva… maldita la hora en que descubrí los universos paralelos.
Las estaciones de subte iban quedando atrás, los pasajeros subían y bajaban, nadie dijo nada, la despedida…

…hasta dentro de un rato…

Detesto algunas fotos, sobre todo las digitales, les falta el soporte palpable, quisiera dormir bajo un árbol frondoso en medio de la nada remota.

Nos despedimos por un rato… buen viaje amigo… buen viaje y cuídate, acostumbrado a cruzar el charco olvidas las peligros que ellos traen aparejados… no, no, no son peligros visibles, claro que no, me refiero a los peligros que logran las piedras imanes y las sirenas del río de la Plata, a ese virus contagioso de nostalgia y tango que de tanto en tanto te vuelve a acomodar el corazón no sin hacerte piantar una lágrima…

Te olvidaste como siempre alguna cosa, es que así son los artistas, olvidadizos por oficio…
Yo saldré a caminar como siempre en el deseo por Palermo, sin agradecer a cierto prócer (yo no lo considero prócer, pero solo por pelear) los beneficios que nos ha dejado habiendo plantado árboles hermosos.
Hablando de fumar, te has dejado los cigarrillos
Comenzaré a pintar unas alas…

“¿señor, el equipaje estuvo con usted en todo momento?”preguntó una morocha con cara de no saber soñar.
No fui simpático con el fontanero, dice que al menos deberé soportar la humedad por un mes, pero que lo positivo de esta tragedia doméstica es que ha ocurrido en primavera, cercano al verano, sólo queda aguardar en medio de tanta humedad…….. café la humedad…. No has escuchado ese tango… ya sé que no tengo paciencia.
Se sentó con ilusión de comodidad, pero todos sabemos que los asientos son cada vez más incómodos, algunos culpan al petróleo, yo no sé. Acomodó su cuerpo en el asiento cercano al ala y se dispuso a soportar las horas sin pensar demasiado
Sobre el rugido de unas turbinas que quemaban combustible sin vergüenza, alguien lloró, alguien dejó rodar ciertas lágrimas, alguien, tal vez tu, lloró un arlequín.

sábado, 25 de octubre de 2008

Rubí


Sólo podía sentir esa angustia que se le acomodaba en el pecho y subía desde las entrañas. Algo lo invitaba a jugar y enjugar lágrimas distintas al resto. Sentía que todos deseaban sus lágrimas como si fueran gemas preciosas. Intentó no llorar, simplemente por el capricho de sentirse libre e independiente, pero bien sabía que no era cierta, que no era libre, que la independencia era semejante un sueño ridículo y sin sentido.
Una voz sonora y profunda lo invitaba a lloraba nuevamente, por eso corrió por un pasillo de deseos profanos y quiso por algunos instantes guardar sus lágrimas, dejarlas dentro en forma de posesivo sentimiento único.
Quiero tus lágrimas, decía esa voz que hacía temblar los pechos ajenos. Quiero esa lágrima brillante y limpia…
No pudo evitarlo, se encontró cercado por la severidad de la voz y la necesidad del deseo y sucedió lo inevitable; una gota húmeda y brillante rodó por su mejilla, mientras la voz se corporizaba y le robaba de a uno el rubí que caía a borbotones.

miércoles, 15 de octubre de 2008

200 palabras




El joven que lloraba flores en ciertos días con ciertas temperaturas, penaba bajo un árbol frondoso que lo cobijaba en su sombra envolvente y diáfana.
Lágrimas de flores caían por sus mejillas enrojecidas.
Nadie más en aquel pueblo de pocos habitantes lloraba con aquellas lágrimas, por lo que era objeto de todo tipo de comentarios, pero él bien sabía que había estadísticas (las hay para todo) por eso quiso encontrar a otro llorón con flores en los ojos para no sentirse tan solo, tan abandonado por la realidad que le dolía y mucho. Sabía que luego vendrían otro tipo de comparaciones: el tipo de flores lloradas, los colores, los tamaños, los tiempos en que abría el capullo, sin embargo, quiso, deseó con ardiente deseo no ser el único ser en el universo que llorara flores en días nublados.
El llanto florido se difundió por la región, con los inconvenientes imaginados. Hubo regiones, rincones y días plenamente floridos y otros en que los desiertos lo hacían todo insulso y monótono.
Toma esta flor o esta lágrima, y comparte eso que se escondió a la vuelta de un recodo, cerca o lejos, dijo el joven detrás de una flor radiante y pura.
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jueves, 9 de octubre de 2008

como sol.... como luna....



Y es que debía ponerme al día, al corriente, estar atento y actualizado con lo que pasa a mi vida a mis sensaciones a determinados sentimientos que pueden comunicarse, porque es mentira que todos los sentimientos se comunican. Solo algunos son compartidos, solo algunos son manifestados a los otros. Y así me batía entre la pesadumbre de la existencia, saberme, sentirme, intuirme siendo sin remedio, aun a mi pesar. Ser y pretender un rumbo. ¿acaso todos tenemos vocación de capitanes de navío?
Quise escapar de la sensación de ahogo, quise ser otro y al mismo a la vez pero más liviano, con menos historia y menos historias. Quise ser un personaje de una novela de Tolstoi o simplemente el decorado de una puesta infantil. Quise ser otro, con otra sombra, con timbre de voz, tal vez otro sin sonoridad, porque por momentos el silencio juega de aliado y alguna vez soñé un sueño extraño en donde las sombras y los silencios se perseguían y disputaban siendo enemigos. Y Grité!!!
Y reí sin emoción
Seco el hombre con repetitivo latido que ya no quiere ser. Harto el ser primordial que late en mí, ya no puede ser.
Y entonces nos dormimos en el deseo de conquistar oropeles y el cuero curtido de andar nos evitaba ciertas sensaciones molestas, pero que incluso molestas se extrañan.
Lo esencial… que es esencial: vida.
Tomamos un café aquella noche sin brisa y la pasamos genial. Nos reímos incluso sin darnos cuenta, las anécdotas fluían sin remedio. Me dijiste algo que en aquel momento no comprendí, por eso la lágrima tardó en producir su cristalinidad. Me dijiste que en algún momento, sin pretenderlo y sin motivos aparentes seríamos como el sol y la luna.


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domingo, 28 de septiembre de 2008

Guerra de colibríes

Y pensó tristezas con aires de melancolía, y sintió un helado viento en medio del pecho que lo devolvía a ciertas sensaciones imposibles de describir pero fuertes, confusas y molestas como son aquellas sensaciones indescriptibles que nos suceden algunas veces. Quiero ser otro gritó el otro dentro de sí que no se conformaba con sí mismo sino con la idea de ser, pero siendo distinto por miedo a aceptar la mismidad, y la otredad le caía como redención. La vida es tan simple algunas veces que se acompleja para que no nos demos cuenta de lo que sucede, comentaba con aires de doctor un viejo sentado en el andén repleto de seres iracundos por la falta de trenes.
Necesito decirte varias cosas, pero no sé como…
Necesito sacarme esto de la garganta que me quema…

Y el colibrí rió en un batir de alas rápidas como el mismo viento, y el viejo León se perdió en un discurso de antaño lleno de sueño de cansancio. Se sentía viejo, se sentía vencido, se sentía sin sensaciones nuevas, ya no volaba como antes, ya no rugía como lo solía hacerlo.
El andén repleto de rostros sin piernas ni brazos, nos recordaba que debíamos volar para llegar a nuestros hogares. Por un decreto de la vida misma, desde el día de la fecha, todos ustedes deberán volar, será penalizado aquel que no cumpla con esta nueva ley…
El colibrí se sintió a salvo, se sintió a gusto y continuó riendo al batir las alas. Que afortunado es ser un animal volador, pensó por un segundo o dos, no mucho más ya que los colibríes no mantienen por mucho tiempo un pensamiento, son seres que adoran el dulce néctar y se pierden en el delirio de cada bocanada.
Muerte a las metáforas, gritaba León ¡muerte a las metáforas!
Las metáforas nos han complicado la vida, la falta de precisiones nos ha complicado lo simple que debería haber sido vivir.
Así comenzó la guerra entre pragmáticos seres tristes de normas y reglas preestablecidas y los colibríes delirantes que desean néctar.

jueves, 18 de septiembre de 2008

¡¡¡100!!!..................................... cien?







Increíble… ¿NO?..

En fin, solo es un número redondo y como todo número es simplemente eso, algo que denota cantidad. Pero, lo cierto es que me sorprendo a mi mismo por haber invertido tanto tiempo del que no tengo en estos post que a veces dudo de su eficacia para transformar el mundo (me refiero a mi mundo, a mi circunstancia, a todo y cuanto tenga que ver con el humanista)

El humanista cumple cien, cien entradas con muchos altibajos, cien entradas con mucho todavía por decir, cien entradas y el deseo de seguir cambiando esta porción de historia y de tiempo.

A lo largo de este tiempo, no cronológico ciertamente, nos hemos hecho de muchos amigos, algunos muy pero muy queridos que van robando partes del corazón y eso es en parte lo que logró este blog en mi vida hasta hoy, entrada número cien.

Es cierto que el número es artificioso, es cierto que las primeras entradas fueron borradas de sopetón un día en que la locura me tomó por completo y me sentí libre de borrar pensando que no tenía lectores, pero el contador dice cien, las entradas entras pasadas no han sobrevivido y de todas formas hay algunas trampas que compensan la trampa de haber borrado aquellos comienzos.

Este espacio es parte de mí, en donde se confunden muchas cosas que el humanista quiere gritar o al menos susurrar, como fueron muchos de los relatos aquí plasmados. Algunos desobedecen el mandato primero de la constitución de este blog (por eso he eliminado ciertos comienzos ajjaaj) pero la memoria muchas veces implacable, te recuerda y te devuelve al espíritu primario.

Este espacio es también espacio abierto para que digas, para que nombres, para que expreses…

Es también tu espacio, o sea que tal vez este espacio escapó de mi muchas veces, tal vez yo ya no sea más el humanista, tal vez el humanista seas vos también que lees estas líneas, en esta entrada número cien.

Volveremos mañana para volver a empezar

Volveremos en cuanto la luna nos ilumine otra vez, o una brisa limpia nos devuelva parte de vidas pasadas y ausentes.

Volveremos

Con otros relatos, con reflexiones, con deseos…..

Quien sabe que nos regalará el humanista en su entrada primera de la centena….

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miércoles, 17 de septiembre de 2008

QEPD

Me prometí un posteo descriptivo sobre un emblemático pub lésbico de mi Buenos Aires a veces querido. Lo cierto que la noche del sábado, por más que el humanista estaba embotado por muchas y diversas razones, por más que la noche brillaba mágica con y sin estrellas y no había excusas posibles, muchos relatos podrían surgir del encuentro mismo. A veces peco de barroco excesivo y otras de romántico recalcitrante, pero todo pide a gritos ser descripto en el universo de la pluma de bytes.

Y pocas plumas se divisaron en derredor, a no ser algunas de gallos que pasaron por la vereda en otro tiempo, o tal vez estarían por pasar. Así podría definir el barrio de Boedo.

Un portón que me recordaba los boliches clandestinos de otras épocas, por un instante sentí que me encontraría con Elliot Ness, aquel hombre que me seducía en mi última infancia a través del personaje traído a la vida por Kevin Costner, pero Elliot Ness no estaba. Abrió la puerta una mujer entrada en años con alma de tango y un cigarrillo en la mano. Apenas unos metros atrás nos habíamos saludamos con Pao, con Andrea y con Guadalupe; con Chris y con Ana ya veníamos caminando, mientras me lloraban los ojos como pasa siempre que el viento es frío. Más tarde aparecería como ráfaga Sergio.

Atravesar la metálica puerta y aguardar fue una sensación de gracia contenida, fue observar y acrecentar la ilusión del acto que vendría, era como cuando niños aguardábamos el conejo por el sólo hecho de ver la galera en el cumpleaños de alguno que le tocó en suerte un mago para la fiesta. Aguardar en el hall, si se lo puede llamar hall o pasillo que clamaba por atravesar la cortina negra que detenía la entrada en malón, si bien el orden era claro y aparente.

Qué suerte que vinimos temprano, dijo alguien en algún momento y la tanguera que nos flanqueaba la puerta o la cortina opinó de igual modo y con una sonrisa.

Elegimos lugar. Las mesas de formica y las sillas de caño negro recordaban algún cafetín de suburbio, mientras las luces en el techo y el gentío simulaban estar en un dance club. Detalle pintoresco y no menor, la luz ámbar, compañera de toda la noche que anunciaba la llegada de nuevos concurrentes. Y se llenaron las mesas y se colmó la pista y las mujeres eran por montones y un tímido show intentó dar comienzo a la noche. Por más que me habían prevenido del carácter de "club social" del lugar, no podía dejar de pensar que algo se confundía con la historia oculta de la cuidad, algo me hablaba de otras cosas, de parte de historias que me eran desconocidas, que no tenían que ver con mi vida ni con mi propia historia y que sin embargo eran parte de todo aquello que es parte de mi camino, de mi búsqueda, de mi deseo de otra historia. La noche nos regalo risas y algunas anécdotas que se fueron diluyendo con la música que sonaba cada vez más fuerte. Subía el clima para dejarse hechizar por el ritmo, sin embargo un alto detuvo la sucesión rítmica.

The show must go on
The show must go on
Inside my heart is breaking
My make-up may be flaking
But my smile still stays on

El pedido de un minuto de silencio se extendió más allá de la invitación de acompañar los restos mortales de Marta, que acababa de pasar de este mundo a la vida eterna aquella misma tarde.
Ella así lo hubiera querido, se escuchó decir por el micrófono sobre la barra repleta de circunstancias y mujeres en busca de alcohol. Una sensación mustia me envolvió por un instante, la escena era bizarra, ¿pero acaso exigía que fuera distinta? Fundadora del emblemático lugar la mujer acaba de partir y yo divagaba por incertidumbres semejantes a charcos y lagunas, porque la muerte me sigue produciendo ciertas sensaciones extrañas, cierta desazón, cierto ánimo triste. ¿Quien fue esta mujer que ya no respira?
Por más que el sentido de ubicuidad se había espantado y nos producía cierta risa jocosa, no dejaba de pensar, que en sí, todo es con un sentido extraño. Es que no somos más que extraños en medio de un extraño destino y aquella noche, nos encontramos para compartir algo de semejante extrañeza y que tal vez, tenga que ver con estar vivos. Eso pedía el baile que nos fue negado luego por la razia policial, eso nos pedía el deseo de contar cosas a un desconocido para volverlo conocido extraviando la propia historia en una historia en común y llenarnos de anécdotas preferiblemente divertidas.
¿Murió?
¿Quien murió?
Nosotros gritábamos vida y la risa era parte de ese pedido y el deseo de bailar, de embriagarnos de saltar y otra vez gritar y volver a reír…
Marlene en la madrugada de Buenos Aires…

sábado, 13 de septiembre de 2008

Algo le impidió entrar al espacio virtual y estampar esas palabras que algunas veces lo calman. Algo le impidió decir aquello que no puedo expresarse con gritos sino más bien con un susurros, porque los susurros envuelven como caricias y entonces es menos insoportable...

sábado, 6 de septiembre de 2008

Triste

Amigo, te confieso desde mi más absoluta cobardía, que desde ayer que me preocupé, me la pasé pensando, y no quise hacerlo, con la excusa de que me preocupo a veces demasiado, que soy tal vez demasiado sensible y dejo que algunos sentimientos sensibleros me ganen. Pero lo cierto que no puedo dejar de preocuparme y tampoco sé como decir. Te leía hace un rato y no pude evitar llenarme de lágrimas, escribo estas líneas con un nudo en el pecho. Y es que no puedo evitarlo, sólo pude evitar el encuentro de hoy, tal vez por ser demasiado ocupado, no tanto como vos claro, así nos conocimos realmente, cuando me reprochaste aquel día que me invitaste a cenar que vos tenías que despertar a un país y yo apenas me levantaba a las ocho. No puedo evitar que me duela desde el entusiasmo por el viaje de diciembre en donde tengo la sensación de que se hizo justicia, donde revolotea la alegría de escuchar a Javi lleno de vida e ilusión por conocer la meca del teatro. Y ahora te leo, leo y pienso, leo y siento tantas cosas que seguramente no te voy a decir porque tengo afición de otra cosa, de no flirtear con las cosas que nos son tan dolorosas, de intentar levantar de algún modo los ánimos que no se sostienen, por más que coqueteé seguido con la depresión.
Otra vez pelearla, otra vez agónica lucha por subsistir, pero claro, vos nunca te conformaste con subsistir, o se vive o no se es. No creas que no te escucho amigo, no creas que tus palabras no tocan bien hondo, no te creas…
A veces peco de pasarme de respetuoso, lo sé, por eso tal vez digo esto a través del personaje que mantengo lejos de ti, no sólo por pudor. Que ganas de conseguir una entrevista con la vida y cagarla a pedos por estas cosas que me entristecen, que me molestan, que me joden mucho. Pero en el fondo siempre es igual, en el fondo solo nos queda aceptar las reglas de este juego que no pusimos nunca nosotros. Es la vida, es así… pero no me puedo conformar con ser simplemente un sobreviviente, eso es imperdonable, lo sé, me lo hiciste entender hace tiempo.
Yo enciendo una vela por vos, sin decirte nada, para no terminar discutiendo por naderías, ya no disfruto tanto discutir como antes, me he vuelto más simple en todo lo que se refiera a discusiones. Me he vuelto más vulnerable a la vida vivida, a esa que se expone, se gasta, se consume y contagia. Vos me has contagiado de esa vida, debería decir Vida.
No te lo voy a decir, pero se lo voy a pedir a la virgen del cobre, se lo voy a pedir desde el nudo en el pecho, por vos por los que te queremos, por mí seguramente que lleno de egoísmos no quiero verte sufrir porque estoy harto de sufrimiento a mi alrededor. Se lo voy a pedir a la virgen del cobre desde esta lágrima, sin importarme si existe o no. Se lo voy a pedir desde la bronca, desde el temor, desde mis desmesuras. Porque te respeto, te admiro y te quiero.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El Trueno

(a Danny)

Y quise surcar el cielo en busca de una aventura nueva, única, llena de oropeles y encontré andrajos. Tomé bocanadas de aire de altura, sin contaminación terrestre, para añorar otra vez el polvo que me hacía refunfuñar entre dientes. No quise otra cosa que recolectar sensaciones en una arpillera para confundirlos y abrir la bolsa en medio de un océano de barbaridades mudas, difusas, abyectas. Y el sabor insípido me regaló ciertas reflexiones que a cierta altura del camino me ayudaron a dudar para seguir siendo un errante en medio de caminos sin trazado. Aquel árbol se hacía familiar, sin embargo, sólo provocó desvío.
Salimos a la hora del sol, para ver iluminado el camino, o tal vez porque el camino se va trazando a medida que el machete golpea fuerte contra la maleza que todo lo abarca y ahoga. Salimos a la hora de la fresca brisa para poder soportar el trajinante andar. Las selvas son lugares con sonidos únicos y con sensaciones cercanas a la alucinación, pero a la vez vívidas y llenas de convidados que acompañan cada paso sin soledades. Jungla poblada con sabor a soledades y sin embargo, todo pierde sentido a la hora en que el agobiante calor lo envuelve todo haciéndote sentir parte de la tierra.
Deseaba descansar en un lago cristalino y sereno y no ser prisionero de esta selva hermosa y devoradora de vida. Deseaba un murmullo de paz acurrucarse en mí, para ser otra vez el que había sido, sin importar tanto el cemento y la energía eléctrica.
Tomás pensó que sería buena idea correr el riesgo de salir por el camino que bordeaba el claro lleno de tréboles y corrimos el riesgo de encontrarnos con trampas naturales y agrestes en medio de un paisaje contrastante.
Tienes que pisar con cuidado, se oyó decir entre los matorrales y las lianas que abundaban. Las trepadoras envolvían todo y los pasos se hacían más pesados, más toscos, más errantes que el mismo camino sin trazado y las voces se apagaban entre medio de tanta vegetación. Hubiera querido aquel lago con sensación de lejanías y sin distancia. Sin embargo el trueno se adueñó de los espectros sonoros. Sin embargo el estrepitoso rugido meteoro paralizó el corazón de los seres que vagábamos cerca. Pese al calor, un frío tenebroso nos corrió por la espalda y quisimos huir. ¿Cómo escapar del rayo y del trueno? ¿Cómo vivir sin miedo a ser traspasado por el grito del cielo a la tierra y sus habitantes? Lejos quedaba el sendero, lentamente se diluía el deseo de un lago cristalino. ¿Quién podía negar que aquello se tratara de un dios furioso queriendo comunicar a la selva su ira rotunda?
Cascadas de sensaciones volátiles y con ambiciones de salir corriendo en medio de la nada y la misma vegetación queriendo ser refugio seguro y sin embargo la misma conmoción de siempre tronaba como péndulo en su vaivén implacable.
El trueno se había metido en cada uno, nos había hecho estremecer, nos había transformado llenándonos de furia y ruido, ya no importaban los miedos ingenuos ni la lluvia que se avecinaba y nos iría a mojar dejándonos empapados en medio de la nada. Ya no importaba el calor, ni el bienestar de la fresca habitación, ni la tibieza de los sonidos metálicos de viento que serenaban a la fiera y despertaban al cándido niño que llevamos a cuestas.
Tulio nos había advertido sobre los peligros, pero todo peligro era necesario para la aventura. ¿Y si no cuento el cuento?
El trueno no sólo me había erizado poniéndome los pelos de punta. Erguido lloraba el ser primordial, el que hubo sido en la tribu antaño, el amigo del hechicero y del viejo sabio. Como débil fiera despertó del letargo y buscó un sedero nuevo e inexplorado. La carne se me hacía tan pesada como los pasos del hombre que fui. La luz segó por instante los ojos que rojos lloraron como no lo habían hecho en siglos, sólo el olor de la selva me recordó el sonido que me nombraba. Tupac cantó un canto nuevo y las aves salvajes lo saludaron dándole la bienvenida.
El trueno había devuelto al tiempo, los tiempos que lejos habían sido, batiéndose a duelo sonidos e imágenes.
Tupac sintió latir el corazón, el bombeo rítmico lo embargaba con una sensación de placidez, disfrutaba escuchar el tambor de las entrañas y quiso llenarse de aire cuando se percató que los pulmones deseaban llenarse de vida. Sólo me falta llenarme de sueños, pensó estirando la mano y sintiendo la punta de sus dedos. Sólo me falta soñar…

viernes, 29 de agosto de 2008

Tinta

El viejo atravesó el parque inundado de palomas, su andar era pesado y tosco, cada paso era lento, sin embargo, parecía disfrutar el aroma de las pocas flores que nacían como capullo limpio y lozano, Las flores azules le recordaban ciertos besos regalados en noches serenas y frondosas a su corazón. Sin sentirse viejo, añoró escuchar el rugido de un león y quiso escalar montañas, apenas podía con los escalones de la plaza vallada y llena de niños sucios y traviesos, los murmullos infantiles lo llenaban de paz, pero siempre prefirió tener lejos a los niños. Hojas yertas revoloteaban con aire cómplice mientras una figura sin color aguardaba al final del camino.
La tarde se llenó de secuaces. No quedaron más frases hechas por decir.
Lo lamento tanto, se escuchó sin querer.
El día envolvía con su tibieza y el olvido… el olvido…
Señores del jurado, hemos expuesto todo el caso, ustedes tienen ahora la decisión, ustedes dirán…
El crujido de la suela sobre el pavimento era fuerte y sonoro.
He aprendido a conformarme en la vida, pensó.
Los zapatos lo delataban a cada paso. Nadie se percató de su presencia, nadie miró su paso por el camino trazado a un lado del arenero, nadie supo jamás su nombre, mientras los niños se llamaban por apodos ocasionales o haciendo alusión a los colores de sus vestimentas.
Aunque me guste la ráfaga fría y con olor a eucalipto, me conformo con la tibia brisa sin condimento.
¡Vamos al fuego! Esta llama no se extingue, aunque tampoco es eterna.
Señor, señor… reclamaba una voz mocosa.
Un estrepito de historia difusa corrió dentro de sí sin exteriorizar. Le daban ganas de remontar un barrilete y comer gofio.
Una sombra lo envolvió sin notarlo. Fue sombra, fue luz, fue cántaro encendido y brisa envolviendo las hojas. Las suelas de los zapatos ya no chirreaban, no había más que una mancha de tinta en medio del pavimento frío.

martes, 26 de agosto de 2008

domingo, 24 de agosto de 2008

Tempus fugit



Temperamental
En una calle empedrada, con intuición a tango y sabor a Buenos Aires, vi al tiempo pasar corriendo en la penumbra, llevaba un sobretodo gris desprendido y uno de sus bolsillos deshilachado; los gatos al verlo pasar, maullaron molestos presintiendo haber perdido una de sus vidas. La basura aun no había sido retirada de la vereda por el ruidoso camión.
Vi pasar una nube llorona y sucia, impávida a todo y todos, simplemente pasó perdida en un rumbo sin trazar. Pasó también parte de mi niñez sin reconocerme, tal vez temerosa porque eran más de las diez.
Vi pasar un lamento triste, tan triste que ya no tenía motivos. Vi pasar una hoja barrenando viento, vi una estrella con aires de diva cósmica y zapatos gastados, vi una idea huérfana vagar errante en busca de hospedaje: nunca fue recibida.
Vi una canción lamentarse por no haber sido cantada, un bombero entristecerse por no producirse incendios, un tranvía subirse a un barco con deseos de empezar de nuevo en algún país extraño.
Vi pasar tu rostro, aunque reconozco que me posé en la chispa de tus ojos más que en tu rostro indiviso.
¿Me gusta estar al lado del camino? Todo y nada para nada en algún momento.
Un beso caminaba pisando baldosas hambriento de sexo.
Y el río se llevó consigo ciertos deseos, ciertas ideas, ciertos momentos…

Enciendan la luz.
Demoren al tiempo: ¡que no continúe la tarea!
Tempus fugit.

viernes, 22 de agosto de 2008

Teléfono

Tomar el teléfono y escuchar: “felicitaciones usted ha sido preseleccionado…” estoy harto de ganar mentiras. Felicitaciones, se escucha el disco gastado.
Gris, el día se vistió de melancólico atuendo, no faltan los problemas cotidianos que invitan y me convidan fastidio tras fastidio.
Felicitaciones, usted ha sido preseleccionado por nuestra base de datos. Me cansan los relojes más que las horas. No faltan caras tristes y largas. Me acongoja ver ojos llenos de lágrimas, me sumo a la pena y se me hace contagiosa sin quererlo.
Felicitaciones, usted…
La vida me sigue regalando sorpresas tan simples como hermosas. Encontrar un alma errante en mitad de la noche, en medio del tránsito de una avenida sórdida y llena de baches, confundiéndonos en el aliento de un abrazo libre como tregua en medio de tanta vida aguerrida.
Felicitaciones.
Felicitaciones, retumba al oído.
No estoy preparado para tanto éxito.

jueves, 21 de agosto de 2008

Pausa


No s tomamos un alto en la entrega de relatos en T con símbolos, en unos días volverá el humanista a sus andadas del primer minuto del día.

miércoles, 20 de agosto de 2008

correr



foto del día, diario Clarín.

me gustó la imagen.

sábado, 16 de agosto de 2008

Travesura



Mamá no nos dejaba ir más allá del camino que bordea el lago, nos había dicho en cientos de oportunidades que era peligroso, nos había contado historias que repetían los lugareños sobre monstruos terribles que secuestraban a los niños convirtiéndolos en entes sin voluntad propia, como las películas que nos gustaba ver con Juan los viernes a la noche, cuando teníamos permiso de dormir hasta tarde, porque el sábado no teníamos colegio. Monstruos que imaginábamos lleno de pelos y mal olientes, monstruos enormes con rugidos de mil demonios y la fuerza de un toro y la ferocidad de un león. En la primavera recorríamos sendas buscando huellas con nuestros moldes, pero a medida que pasaban los meses el yeso se nos iba poniendo viejo y nosotros quedábamos sin huellas que mostrar.
Las mañanas de sábado desayunábamos a las nueve, era el único momento del día que mamá nos permitía tomar café con leche; cuando sea grande me la voy a pasar tomando café, dijo Juan una vez que mamá lo retó por servirse otra taza sin permiso.
¿y si el monstruo sale de noche? ¿no deberíamos ir de noche al camino que bordea el lago por la noche?¿te animás? Preguntó Juan con una mirada que buscaba complicidad.
Por la tarde preparamos las mochilas con todos los elementos necesarios para la expedición nocturna, sin permiso. Luego de discutir si las linternas encandilarían al monstruo y lamentarnos por no conseguir azufre, habíamos utilizado todo el que teníamos días atrás intentando fabricar pólvora, dejamos nuestras mochilas preparadas sobre un estante de madera al costado de la galería de la casa.
Juan, ¿a vos te parece que vamos a encontrarnos con el monstruo? ¿Por qué saldrán de noche? Si mamá se entera no vamos a salir nunca más de casa.
Calmate, nadie se va a enterar, dijo mientras me mostraba una cámara de fotos con la que pensaba fotografiar a la bestia noctámbula.
La tarde ser hizo de chicle, como ya éramos grandes la siesta era optativa. Optamos por no dormir, pero no por ello dejamos de soñar.
Era preciso armar un recorrido con la imaginación, estábamos eufóricos con la expedición nocturna. La noche tardaba en llegar, el sol se resistía a moverse de su sitio, estático seguía iluminando queriendo evitarnos la noche. Deseamos la oscuridad como nunca en la vida.
Aquella noche comimos sin hambre y rápido, en realidad sólo comimos para que mamá no sospechara, Juan me hizo un gesto que comprendí al instante, siempre nos hablamos con la cara, dicen que un gesto vale más que mil palabras y algo de cierto de haber en eso, porque con Juan simplemente nos mirábamos y sabíamos de que se trataba. Aquel gesto fue preciso: comé para que no sospechen, digamos que vamos a jugar al cuarto y cuando todo esté quieto salimos a buscar las mochilas; o algo por el estilo, ya que los gestos también dejan lugar a ciertas libertades a la hora de interpretar, pero lo entendí así de claro.
Esa noche mamá tardo mucho en dormirse. La luz de su cuarto no se apagaba más.
Seamos pacientes, me repetía Juan a medida que me iba llenando de ansiedad por el encuentro con la bestia, seamos pacientes que en cualquier momento la oscuridad será nuestra aliada.
Un perro le ladraba a la luna, yo podía escuchar mis propios latidos, de noche los sonidos retumban, tienen ecos profundos, todo se escucha más de noche, incluso los susurros con los que nos comunicábamos con Juan. No teníamos reloj, no lo necesitábamos, mediamos el tiempo por el entusiasmo y no tanto por la sucesión cronológica.
Juan… me parece que ya se durmió…
Juan… ¿te dormiste?
Me tapó la boca con la mano, tal vez hablaba demasiado fuerte y con la boca tapada me fue empujando a la puerta trasera para salir. Un chistido corto me obligaba a callar en medio de la penumbra. Tuve un poco de miedo cuando traspasamos la puerta, confieso que la oscuridad siempre me atemorizó, pero el sabor de la aventura era tan grande que podía dejar a un lado los miedos.
Juan buscaría las mochilas mientras yo cerraba muy despacio la puerta trasera, no pude dejar de pensar si al monstruo le gustarían las galletitas de miel y por las dudas busque algunas en la cocina llenando mis bolsillos con muchas, también puse algunas de agua por si al monstruo no le gustaban las dulces.
Juan, susurré, llevo galletitas para el monstruo, ¿vos también querés?
No, tonto, respondió por la ventana.
Juan era más bien práctico, no pensaba mucho en los detalles, a la hora de las grandes aventuras se debía seguir con el itinerario y no le gustaban mucho las complicaciones ni improvisar sobre la marcha. Fue por eso que un tanto se molestó y me llamó tonto, pero a mí no me importó, ya sabía que no me lo decía enserio y también sabía que él sabía que de los detalles siempre me encargaba yo.
Juan, ¿tardaremos mucho?
No me contestó, por eso decidí con los bolsillos repletos, salir cerrando la puerta con el mayor cuidado posible, para no despertar a mamá, porque seguro que si nos veía levantados en medio de la noche nos iba a preguntar qué hacíamos y seguramente no nos hubiera dado permiso para que saliéramos a buscar al monstruo, siempre fue un tanto sobre protectora y por eso a veces debía callarme y no contarle ciertas cosas.
La luna iluminaba nuestros pasos y a medida que caminábamos más se nos acostumbraba la vista. Juan seguí susurrando pero yo no le entendía mucho lo que decía, no sé si había dicho que era una boludez que el monstruo comiera galletitas o algo así de las galletitas, yo le dije que tenía de dos tipos por las dudas y que se las iba a dejar sobre un tronco.
Llegamos al camino que bordea el lago y sacamos las linternas, Juan se colgó la cámara al cuello y la encendió dejándola preparada, porque de ahí en más la suerte estaba echada. Caminamos sigilosos, midiendo cada pisada, para no espantar al monstruo, hasta llegar a un claro cercano al lago y ahí nos atrincheramos a la espera de la venida del monstruo.
Escuchamos unos pasos que se aproximaban hacia donde estábamos, sentí miedo y emoción, le advertí a Juan que me hacía gestos de calma con las manos. Pero…pero, otra vez me tapó la boca.
Se contorneaba no muy lejos la figura de una mujer. Es mamá, Juan, es mamá. Cállate, dijo Juan. En ese instante escuchamos el crujir de ramas secas. Cállate, susurró otra vez pero con más fuerza. El monstruo Juan…
El monstruo no era como lo había descripto mamá, tenía unos ojos grandes y buenazos que no asustaban a nadie, no era tampoco tan alto, sólo le llevaba un par de cabezas a mamá, y mamá no era muy alta que digamos.
No te pude traer las galletitas de miel porque los chicos se las comieron todas… están traviesos, dijo mamá al monstruo que movía la cabeza negando.


viernes, 15 de agosto de 2008

Testigo


La aburrida muchacha se peinaba suave el suave cabello y miraba extraviada por la ventana de la habitación. Antes contaba las cepilladas en grupos pares, de un lado y otro, pero con el pasar del tiempo, su devoción estilística se fue perdiendo a medida que se sentía menos bella. Acostumbraba peinarse frente a la ventana imaginando que veía la fontana di Trevi soñando con una música de ensueño y duendes disfrazados de hombres caballerosos y galantes. Pero su ventana daba a un viejo baldío al sur de la decadente Buenos Aires.
Soñaba sueños fantasiosos con peligro de delirio.
Sueño sueños sin peligro, pensó la pobre muchacha en medio de la tarea de cepillado. Algún día algo sucederá… suspiraba sin remedio y repetitivamente. Algún día una ráfaga semejante a un huracán bendito, vendrá a limpiarnos de todos estos males, a quitarnos pesadumbre a regalarnos algo mejor que la vida.
Un grillo cantaba interminable su balada nocturna…
No podes defender lo indefendible, gritaba desde el baldío un hombre tosco y de mal semblante. No podés, no tenés derecho a seguir defendiendo lo imposible.
La muchacha se vio en medio del baldío tomada del brazo por el tosco hombre que la intimaba entre reproches incomprensibles. No hubo luna aquella noche, las sombras eran oscuras, más difusas que de costumbre.
Los reproches se iban tornando en una riña callejera sin testigos a excepción de la muchacha que se cepillaba el cabello sin orden ni ritmo.
Bailaban en un compás misterioso la codicia y la ambición, en un canto de reproches incesantes, embriagados de anhelos frívolos que acompasaban la pugna. La muchacha no habló, no esbozó siquiera una mueca, simplemente se dejó arrastrar por la toscas manos del hombre convertido en bestia que la sacudía entre brazos mientras la testigo derramaba una lágrima limpia y cristalina. Lloraba en el silencio de la solitaria habitación, lloraba el alma que contemplaba la triste escena en penumbra, lloraba solitaria su soledad.
¿Por qué me reprocha defender mi recuerdo más importante? ¿Por qué querés robarme mi recuerdo más preciado? Se preguntaba la mujer que ahora dejaba el cepillo y se paraba frente a la ventana.
El teléfono sonó dos veces, ella pareció entender que se trataba de una respuesta, de una señal librada a su interpretación.
Ya sé, ya lo sé Luis, ya entendí, dijo en un suspiro frente al vidrio, no digas más…
Te devolveré el recuerdo. Me despojaré de él. Seré también un recuerdo que solo unos poco recordarán, dijo la muchacha del baldío.
No me reproches recordar, es imposible no hacerlo, lloró, es imposible…
Siempre quise entregar la vida bajo la luna y hoy la noche tirita en penumbras secas
Siempre soñé con besarnos aquí, en esta fuente, Luis, siempre soñé con tus brazos y tus labios junto al sonido húmedo del agua…
Nunca tuve miedo a la muerte, nunca tuve miedo, exclamó en el baldío.
Escuchá Luis, escuchá, ahí vienen, me están llamando…
El teléfono volvió a sonar dos veces.
Decile que se acerque, que estoy preparada.
Viene, Luis, ahí vienen los niños con flores en sus manos y los deseos de monedas…
Abrazame, abrazame fuerte que aun tengo algo de miedo.
Qué hermoso regalo, Luis, hermoso…
Decime algo, lo que quieras, pero decime algo.
Soy tan feliz Luis, tan, pero tan feliz…
Si me abrazas fuerte será más sencillo para ambos.
Besame Luis, besame…
Ya puedo sentir el gélido abrazo, ya puedo sentir que se apaga algo.
No te olvido…
No te olvido…
No puedo olvidarte…
Susurró la muchacha yerta en el baldío de su habitación.

jueves, 14 de agosto de 2008

El tonto

Prefirió que pensaran que no comprendía y que no distinguía la realidad.
Prefirió que pensaran que se perdía en elucubraciones incomprensibles para él.
Prefirió que pensaran que no había mapa para salir de ese laberinto, que todos pensaran que era sin estrategias.
Prefirió que pensaran que era el más tonto, para así no hacerse cargo de aquellas cosas que se encargaban los otros.
Prefirió que pensaran mientras él dejaba de pensar.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El totem

El jefe había decretado que las siguientes lunas serían dedicadas a celebrar las fiestas de la concordia. El calendario había sido fijado y el mandato acordado, un tótem de nueve brazos de altura se erigiría en medio de la tribu para el comienzo de la fiesta. El joven Maco, había sido elegido para realizar la pieza. Su padre le había enseñado a trabajar la madera, los secretos habían pasado de generación en generación. Ilustre 0ficio que regalaba a la tribu la posibilidad de rendir culto a los dioses ya que la tribu no conocía aun los metales.
Maco sabía distinguir árboles y resinas. Trabajaba la madera con la suavidad de un pétalo y la sencillez de la misma madera.
El tótem contaría con cuatro figuras, eso lo decretaba el mismo jefe de la tribu, pero correspondía a los ancianos determinar cuáles serían aquellas figuras junto al artesano que asentaría su impronta.
La tortuga sostenía la figura, porque recordaba su persistencia y tenacidad; el tiburón por su bravura y agresividad; el toro por su fuerza y el tero por ser el animal favorito de los niños de la tribu.
Uno de los ancianos frunció el seño en señal de desaprobación, el tero no es un animal apropiado para el tótem, deberíamos poner una lechuza que represente la sabiduría, hemos perdido el amor por la sabiduría, afirmó con firmeza.
Maco dibujaba en la tierra los bocetos posibles cuando estaba por concluir la figura del tero preguntó al viejo que era la sabiduría. Todos escucharon perplejos la exposición del viejo, hasta los niños que habían dejado de jugar y escuchaban escondidos detrás del matorral cercano al círculo. No podemos perder el amor por la sabiduría, repetía una y otra vez usando figuras cotidianas y diáfanas. De pronto los viejos sabios interrumpieron y comenzaron a discutir sobre el tema hasta que uno tomó el cuchillo y se lo clavó en el pecho de un solo golpe y sin grito.
No hubo lechuzas aquella noche en la aldea.
El joven Maco, se quedó pensativo a un costado del reguero de sangre.
El tótem de la concordia había perdido la razón.

martes, 12 de agosto de 2008

La tentación


Y tuvo la tentación de explotar en un grito fuerte y sonoro, en un grito de verdades espeluznantes que helaran incluso a los espíritus más fuertes. Tuvo la tentación de despotricar contra cielo y tierra, gritando verdades sin medir consecuencias. Tuvo la tentación de remontarse al pasado no tan lejano y volver a representar ciertos actos, ciertos sucesos. Tuvo el impulso de quemar colores y claudicar al deseo de colorear la vida que se posaba en atmósferas de grises tediosos y fríos.
No le estallaba la cabeza ni el corazón, era su existencia la que quería salir corriendo por un atajo que no se revelaba. Quiso ser rápido como el rayo, pero se sentía pesado, lento, envuelto en un letargo contagioso que no le impedía gritar. Quiso ser invencible frente a la vida que a esta altura se sentaba a tomar un café con una mirada jocosa y burlona. Tuvo impulsos violentos de final trágico, pero no lo terminaba de convencer la escena. ¿Cómo se atreve esta puta vida a sentarse con ese desparpajo en mi mesa de café? ¿Cómo se atreve a mirarme con esos aires de superioridad?
Mirate en el espejo, dijo tentando a la vida que siempre sufrió aires de coquetería. Mirate… mirate bien…
La vida no soportó la tentación…
Fue allí cuando quitamos su túnica, que ahora no parecía tan esplendorosa y la dejamos desnuda.

lunes, 11 de agosto de 2008

El transeúnte



El joven muchacho imaginaba la distancia que lo separaba entre su barrio, más allá de la periferia y la adusta ciudad. Ensayó palabras de justificación para sí. Pensó en la cuidad, llena de cemento, en los pocos empedrados que le gustaban y le producían una especie de melancolía sin peligro. Pensó en el micro que debía tomar en la parada despoblada, en un sitio cualquiera, pensó en el frío, en el encuentro, en el programa sin armar, se dejó envolver por indecisiones sin sentido que poseía como un adorno, como accesorio de costumbre y se lamentó sin gemidos.
Pensó, o no lo pensó, simplemente se vistió de florida imaginación, se dejó llevar por la imagen de aquellos pies pisando el pavimento, en las calles atestadas de transeúntes, siendo él uno más del resto. Imaginó ser parte de la masiva horda de peatones que surcaban las calles en un devenir sin prisas y sin pausas. Imaginó el sitio donde se detiene el micro, y su huella estampada sin dejar marca. Imaginó que el día era hoy. Que una sinfónica marea de bocinazos lo acompañaba por aquellas calles que ya conocía y que le habían robado un cariño entre mágico y sutil.
Tomó unas aspirinas sin pensar. Mientras buscaba los zapatos apropiados para pisar pavimento, no sin buscar el teléfono casi sin crédito.
Deseó una tarde sin aburrimientos. Deseó vivir algún tipo de experiencia que le proporcionara un escape de la monotonía con la que convivía pacifico y sin remedio. Qué difícil es ser creativo a la hora de visitar una ciudad con tantas opciones. Hay distancias que prescinden de los kilómetros y son tan largas…
Tribulaciones de una tarde sin tristezas.
Trepaban las ilusiones de algo con sabor. Descubrir sabores nuevos, preferiblemente picantes. Algo lo exaltaba y a la vez lo devolvía a la misma calle sin rumbo.
Tal vez caminar sin sentido, sin conocer las metas servirían como terapia sencilla. Traspasó algunas pocas avenidas sin percatarse que se alejaba del sitio del encuentro pactado. Siguió por la angosta calle cuando se sintió abrumado por tanto transeúnte entre empujones, y la tarde no se midió con relojes sino por un devenir que escapaba a los astros y ahora se medía con semáforos que encendían sus luces rítmicamente.
Cumplía un paseo sin alborotos cargando una ligera mochila de tedio. ¿Quién habrá pisado estas mismas baldosas que ahora estoy pisando?, caviló deteniendo la marcha.
Un viento frío sopló como una ávida amenaza cuando abrió los ojos y la imagen lo devolvía a su habitación, ya sin ánimo de partir hacia la urbe.

domingo, 10 de agosto de 2008

El temeroso



Tuvo miedo de abrir la puerta y entrar, algo le sabía a peligro, por más que sabía que no había motivos, pero el temor dominaba sus pensamientos. Quiso bajar por las escaleras por temor a quedar encerrado en el ascensor, cuando un miedo resbaladizo lo envolvió sin remedio. La disyuntiva era simple, entrar o escapar. Abrir la puerta y enfrentar el adentro o salir corriendo con riesgos de quedar encerrado o resbalar. La disyuntiva era estricta, o entraba o salía, pero no podía permanecer más de cinco minutos, tal vez porque el reloj que lo esclavizaba desde su muñeca no dejaba de marcar el tiempo y el no podía dejar de mirar y sentirse poseído, limitado, embrujado por las agujas digitales que le insinuaban que el tiempo también era parte de los peligros que lo rodeaban. No pensó en la posibilidad de subir, tal vez por cierto pudor a los vecinos de arriba, tal vez por no llenarse con otros miedos tontos, que sabía tontos y que lo condicionaban muy a su pesar. Tanta reflexión lo invitaba a una locura aceptable. Tantos pensamientos inútiles lo hacían sentir dueño de la situación en pequeñas porciones de tiempo, para volver a llenarse con nuevos temores, porque el ocioso pensar lo convidaba con un poco de creatividad para descubrir posibles miedos nuevos.
El corazón se le paralizó cuando el ascensor comenzó a bajar y escuchó el murmullo de unas personas que no conocía, o no podía distinguir. El alma quiso dar un salto cuando la alarma sonó, como confirmando la desgracia que él ya esperaba, como un “ya te lo dije” como confirmación de un oráculo sin explicaciones ni sentidos, al menos así son la mayoría de los oráculos pensó como un soslayo.
No le quedan más opciones que la de meter la llave en la cerradura y aceptar lo que fuera. No le quedaban más elecciones a la mano. Simplemente la llave en la ranura y cerrar los ojos, tragar saliva, respirar profundo y abrir la pesada puerta de madera, al tiempo que una imagen semejante a la suya, lo invitaba a entrar en la nube que comenzaba a nublarlo y hacerlo dormir.
No le quedaba más, que dejarse llevar, sin resistencias, dejarse conducir por una fuerza misteriosa que lo envolvía para devolverlo al presente en medio de llamas, de gritos, de llantos, de carcajadas burdas, de miradas inexistentes, de suspiros y golpes semejantes a un chasquido de látigo en el aire. Sintió la boca pastosa, amarga y seca. Sintió un olor a almendras que no le pareció extraño. Un frío profundo le acarició la espalda cuando de pronto comprendió sin vislumbrar, en una conjetura limpia, que había traspasado el espejo

sábado, 9 de agosto de 2008

El tímido

Quiso decir lo que pensaba, anunciar lo que sentía, sin embargo una muralla invisible gobernaba las distancias entre su interioridad y el mundo circundante. Quiso decir y no pudo, no sólo por falta de palabras, no se trataba de una afasia nominal, sino de una barrera fuerte y persistente que lo condicionaba incluso en sus actos. Quería, claro que quería, el deseo estaba intacto en él. Pero la barrera irrefrenable lo dominaba terriblemente.
Cuando llegó a la parada del colectivo, dudó por un instante si preguntar a los que aguardaban, pero no dejó de pensar y ensayar las palabras. “¿hace mucho que esperan?”, ¿esperan el sesenta? ¿conoce la frecuencia?
Un viejo con un ridículo sombrero ojeaba el diario plagado de noticias viejas. Pocas cosas son tan viejas como el diario de la mañana leído por la tarde. El viejo miró de reojo al tímido muchacho que se debatía en la duda de la simple pregunta. ¿En qué cambiaría saber el tiempo de la espera, si debía esperar de todas formas?
Qué frío, ¿no? Nunca fue pronunciado.
Tengo que llegar antes de las once, pensó sin decir.
Mañana me aguarda un día espantoso,
Quiere leer, preguntó el viejo con molesta mirada.
El tímido permaneció sin palabra y miró los adoquines como si fueran salvadores.
Te pasa algo, querido, insistía el viejo que ahora mutaba en cara de preocupación.
Los adoquines abrieron una brecha y el tímido joven se escabulló por ellos perdiendo el colectivo, que pasaba a toda prisa por el empedrado.

viernes, 8 de agosto de 2008

El trasgresor


Una línea amarilla separaba el sitio hasta donde podían pisar los pies. La oficina atestada de caras molestas por las espera cargaban con pesadez la espera de más de dos horas para realizar un trámite tedioso y obligatorio. Se escuchaba de tanto en tanto el convite a pasar a través de los números.
Soy el 57, pensó con pesar.
Treinta y seis, treinta y siete…
Podría estar en cualquier lado, en cualquier parte del mundo, en mi casa, en mi cama, podría haber sido otro el día, divagaba por su mente con pesadumbre y cansancio de esperar.
¿y si vuelvo mañana?
Cuarenta, cuarenta y uno…
Por un instante su mirada se congeló en una mujer que hablaba por teléfono, entremedio de carpetas que hacían equilibrio sobre un escritorio en ruinas. Por un instante imaginó que entablaba una conversación con ella, que sabía su nombre, su edad, su estado civil. Por un momento imaginó conocer a Vale, la treintañera que no consigue nunca alguien que la quiera y la acompañe al cine a ver películas sin tocarle ni siquiera la mano. La que se levanta con sueño y murmura en el subte, cuando el ruido es molesto: “yo te escondo…” la que mira por la ventanilla de los trenes, los techos de las casas imaginando que adentro, hay una familia como no fue la suya. La que esta mañana se vistió sin pensar, ni darse cuenta que el maquillaje se le había corrido, con riesgo de imponer una moda. Vale la que ahora mira al techo con un leve suspiro, pensando, recordando, resonando…
Solo una línea amarilla nos separa. Ya conozco tu historia aunque aun no conozca tu casa.
Cuarenta y cinco, cuarenta y seis, cuarenta y siete…
Un silencio paciente se acomodó en los oídos para escuchar la voz de la rubia treintañera.
No, no sé, no sé que decirte, tal vez mañana, pero hoy no puedo, sonaban las palabras en el teléfono.
Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve…
Cortó el teléfono y se quedó pensativa. Algo la inquietaba, dejándole esa mirada confusa y medio triste. Fue por ello que no se percató cuando se escuchó, el cincuenta, cincuenta y uno, el hombre impaciente se le acercaba haciéndole preguntas que no tenía ganas de contestar.
Valeria, dijo la jefa de departamento, ese señor pasó la línea amarilla.
Aguarde a ser atendido, dijo sin ánimo.
Cincuenta y dos, cincuenta y tres, cincuenta y cuatro…
Señor le dije que vaya para atrás.
Cincuenta y cinco…
Señor ha pasado la línea amarilla, señor…
Cincuenta y seis…
Vale, soy yo, ¿no te acordás de mí? El que traspasa la línea amarilla los primeros martes de agosto, para invitarte al cine, tomá, acá tengo mi número, soy el cincuenta y siete. ¿vamos?

jueves, 7 de agosto de 2008

El trastornado

Realmente quería decirlo, sacarlo afuera como golpe de viento, pero algo le impedía nombrar aquellas cosas que estaban aun trabadas en la garganta, casi un nudo y a la vez una braza encendida y molesta que le iba quemando lerdo, por más esfuerzo que hiciera la palabra volvía a esconderse en el pecho para no salir, para no nombrar, para no llenar los espectros insonoros.
Algunas gotas caían sobre la vereda sin ser lluvia, el espejo reflejaba una carta abierta con letra ilegible y a medio terminar.
Estimados prosélitos: estos días me debatí entre disyuntivas fútiles, para determinar la posibilidad de...
La ventana de la habitación se abrió de golpe y una ráfaga tibia inundó la sala volando los papeles por todos lados y la carta: es por ello que me atrevo a pedirles con mi más absoluta sinceridad que tengan en cuenta que…
Un grillo de hielo molestaba sin cantar haciéndose cómplice del silencio en medio de una tristeza sin motivos aparentes. Los gatos en el tejado maullaban de tanto en tanto delatando el final o el comienzo del día mientras algún ladrido encerrado en una casa ponía limites a los felinos sin eficacia. A nadie le importó, nadie salió, nadie se estremeció ni fue espectador cuando el sonido del rifle estalló con olor a pólvora, nadie quiso escuchar el ruido de los vidrios rotos cayendo en pedacitos. A nadie le importó que la imagen del espejo muriera perdiendo una de sus preciadas vidas. El silencio se consolidó en estática sordina como sucede después de que el trueno hace su repentina aparición.
El espejo hecho girones y la carta a medio concluir, comunicaban que esto no era un simple accidente…
… tengan en cuenta que no soporta más a este yo que me atormenta y me ladra, a este yo que me rapta por momentos sin permitirme ser quien realmente soy o estoy llamado a ser, es por eso que debo tomar esta drástica decisión, es por ello que debo matar al que vive en el espejo y me atormenta incluso en las noches llenas de hastío, es por ello que…

miércoles, 6 de agosto de 2008

El títere

El títere guardado en su caja de madera lustrosa gemía un gemido existencial. “quiero vivir vidas propias y ajenas…” en un rincón del mugriento altillo relucía la caja del olvidado títere, asemejándose a un féretro. En otro tiempo, en vidas pasadas, he producido risas y llantos hermosos, en otro tiempo, en otras circunstancias he sido centro del mundo, he sido amado y odiado, he sido temido en más de una función. Cuantas veces he sentido la pasión de ser, poseídos mis hilos por otras manos distintas a la de mi titiritero. He vivido sueños extraños, he surcado cielos distintos a lo que los mortales conocen. He sido un valiente caballero, un oficinista, un payaso, he sido Alí Babá, el rey Arturo y un viejo general de la gran guerra que su nombre ya no importa. He sido y soy en mi caja guardada y olvidada, con la esperanza de volver a sentir el movimiento en las manos del titiritero. Aguardo impaciente en el oscuro silencio de la caja, el día que por fin vuelva a ver esa luz que hoy es un recuerdo. Aguardo impaciente las risas de los niños y las risotadas contenidas de los adultos que siempre desean mis hilos.

martes, 5 de agosto de 2008

La trotacalles

Pensó en el dinero que le faltaba para el alquiler mientras se acomodaba una peluca un tanto destartalada que peinaba con mucho cuidado, la habitación estaba desordenada, ropa tirada por los rincones y papeles con cuentas por pagar, delataban las formas de su alma. Le quedaba poco maquillaje, pero eso no parecía importarle a la hora de tararear una vieja canción que le recordaba la infancia lejos de los autos y las avenidas concurridas de peatones apresurados por llegar para volver a partir. “yo soy la pájara pinta…” susurraba entre dientes la mujer con exceso de maquillaje. No le quedaban lágrimas, tampoco motivos para llorar, porque el llanto solo sirve en ocasiones precisas que ya nada tenían que ver con su vida.
Esta noche tendré suerte, imaginó en una pausa que hizo con el cepillo, esta noche tendré suerte, queriendo olvidar noches pasadas, esta noche un viento frío congelará todo y saldremos del mundo para volver a nacer, esta noche me saludaran las estrellas y cenaremos juntos en la luna o en Marte. Esta noche será distinta, ya verás, dijo a la figura proyectada en el espejo sucio y lleno de estampas y chucherías religiosas.
La calle se preparaba para la función prostibularia, las dársenas caóticas de los colectivos urbanos estaban repletas de colillas de cigarrillos que se acumulaban con el pasar de las horas y las esperas ansiosas de servicios precarios. Caminó una y otra vez por la vereda, cuando se cansó bajó el cordón con la esperanza que el peligro trajera clientes por la calle desierta y fría. ¿qué pasa esta noche? Se preguntó en voz alta
Lo mismo que todas las noches, contestó la imagen en el espejo de la habitación, esta noche te extraviaste en el espejo que se apoderó de la luna.