domingo, 22 de febrero de 2009

mientras tanto...




Nos veremos para la hora del crepúsculo, dijo la muchacha desde su rostro encantado por la luz. La lluvia limpiaba los malos deseos devolviendo aires de nostalgia. No sabía que no podría recordarlo, que su memoria a corto plazo estaba dañada como un disco rígido obsoleto. Recordaba crepúsculos, incluso amaneceres, pero no podía recordar la cita. Por más que se esforzara sabía que todo desaparecería con el devenir de acontecimientos de los más simples e insignificantes. ¿pero si pudiera recordarla?
La luz y la oscuridad, el frío y el calor hicieron lo suyo, las hojas del almanaque caían sin ceremonias. Él tenía la sensación de haber olvidado algo, pero no un olvido típico, tuvo la sensación de estar olvidando una sensación, un sentimiento , mientras la sensación se hacía tan fuerte y sensible como el mismo olvido.
Aquella noche de lluvia soñó con una muchacha y con un crepúsculo lozano y tibio, en su sueño la muchacha no hablaba, pero el bien sabía que conocía su nombre, que un aire de familiaridad los envolvía. No se atrevió a ponerle nombre a la muchacha pero algo lo invitaba a llamarla Luz, tal vez porque veía aquel hermoso rostro iluminado como por un encanto mágico.
Salvame, gritó desde sus vísceras, salvame que me olvido…
Despertó envuelto en un sudor frío con profundas ganas de romper en llanto. Era tanta la congoja que quiso olvidar el sueño, con el temor de comenzar a olvidar nuevamente, o darle razón a aquel sueño nefasto que ahora lo devolvía a la tarea cotidiana de recordar en medio de nuestros olvidos.